Una superficie continua mezclada junto a la obra y colocada directo sobre su losa.
Dos capas hacen dos trabajos distintos. La base es gránulo de caucho mezclado con aglomerante en una mezcladora de paletas junto a la obra, extendido sobre una losa imprimada y cerrado con llana mientras sigue vivo. Esa capa se lleva el impacto. La capa de desgaste va el mismo día, gránulo de color ligado en resina transparente, cerrado a mano para que el acabado se lea parejo de borde a borde. Como ambas capas bajan húmedas, se traban entre sí. No hay adhesivo, ni cinta, ni línea de corte en ninguna parte del paño. Alrededor de drenajes, postes y el borde de la piscina el material se trabaja apretado contra el detalle, así que el agua sale de la terraza en vez de encontrar un labio donde quedarse.

Nuestro clima hace las pruebas por nosotros. Una tormenta de la tarde se vacía en minutos. Un armado vertido poroso deja pasar esa agua a través de la superficie y la saca por la pendiente que la losa ya tiene, así que no le quedan charcos ni la capa verde y resbalosa que crece en ellos. La textura sigue siendo honesta en mojado, y eso importa sobre todo al borde de la piscina, donde la gente camina descalza y con prisa. El cloro, el salitre y el protector solar caen encima y se enjuagan con manguera. El sol es la prueba más dura, y ahí es donde el armado se gana su dinero. El color vive dentro del gránulo, no en una película de pintura, así que las raspaduras y los lavados no se lo llevan.

No hay un espesor correcto único. Bajo juegos de trepar el espesor lo fija hasta dónde puede caer un niño desde el punto más alto donde puede pararse, así que el vertido engorda a medida que el equipo es más alto. Un sendero, un lanai o un área para perros no necesita nada de eso y pagarlo es dinero quemado. Una cancha queda en medio y se elige según cuánto se usa y no según cómo se ve. Comprobamos el espesor terminado con un calibrador mientras el equipo sigue en obra, no cuando ya se fue todo el mundo. El número que medimos es el número de su presupuesto. Si la losa se hunde en algún punto, lo decimos antes de que arranque la mezcladora.

1Vamos en 24 horas, medimos y le entregamos un precio fijo.
2Elija la mezcla y el espesor. Reparamos la base para que aguante.
3Vertido, curado y transitable en 24 a 48 horas.
Transitable tras 24 a 48 horas de curado, y la mayoría de los trabajos toma 1 a 3 días en obra antes de que arranque ese reloj. El calor lo acelera y una semana de lluvia lo frena. En la medición le decimos qué día recupera su patio, y no entregamos una superficie que todavía ceda bajo el pulgar.
Normalmente sí. Una losa sana es la base más barata que jamás tendrá, así que preferimos repararla antes que quitarla. Las grietas se tratan, los puntos bajos se rellenan y toda la superficie se imprima para que el caucho se adhiera en vez de quedar suelto encima. Si la losa está rota o sigue moviéndose, lo decimos en la medición gratis en vez de verter sobre un problema.
El color va dentro del gránulo de caucho, no en un recubrimiento, así que no se puede lavar ni frotar hasta quitarlo. Cualquier superficie que reciba tanto sol cambia un poco con los años, y las mezclas oscuras se mueven menos que las muy pálidas. Ponemos muestras afuera en la medición, con su propia luz del día, para que lo que elija sea lo que va a estar mirando en agosto.
El trabajo instalado empieza en 8 dólares por pie cuadrado. La preparación de la base, el tratamiento de grietas, la imprimación, el vertido y el acabado van todos dentro de ese número. Recibe un precio fijo por escrito después de la medición gratis, que agendamos en 24 horas, y el presupuesto que firma es la factura que paga. Una garantía de mano de obra de 2 años queda escrita en el contrato antes de que pague nada.
Para los tamaños de gránulo y el aglomerante detrás de estos armados, lea superficies de caucho granulado.
Medición gratis en su propiedad en 24 horas. Sin compromiso.