El caucho vertido sirve en una entrada agrietada pero firme, y aquí están sus límites.
Tres situaciones justifican una entrada de caucho. La losa está agrietada pero sana, o sea que forma un solo plano, las grietas están quietas y nada se mece bajo el carro. El caucho puentea eso y usted se ahorra la demolición completa. La entrada también es la ruta por donde la gente camina descalza, del carro a la puerta o hacia la reja de la piscina, y en julio ese concreto castiga. O usted quiere bajar el ruido y el reflejo, cosa que una superficie de gránulo logra por no ser un espejo duro y plano. En contra, una entrada es lo más exigente que vertimos. Aguanta peso, aguanta llantas que giran y aguanta polvo caliente de frenos. Si el único motivo es que la entrada se ve cansada, esto es mucho dinero para un problema estético.

El desgaste por giro es el de verdad. Cuando el carro está detenido o casi detenido y usted mueve el volante, la llanta raspa en vez de rodar, y lo hace en las mismas dos huellas todos los días. Ahí es donde una entrada de caucho se nota primero, casi siempre en la boca y donde usted entra al garaje. Se repara en sitio, pero usted debe saber que va a llegar. El aceite es el segundo. Un goteo constante desde el mismo lugar de estacionamiento penetra una superficie porosa, y una vez adentro se queda. Estacione ese carro en la calle o arregle la fuga. Tercero, el agua necesita a dónde ir. Una entrada que ya se encharca tras la lluvia se seguirá encharcando, porque sumamos una capa y no renivelamos su terreno.

La terraza de piscina se arma para el pie descalzo. Más blanda, con más cama, y solo carga gente. La entrada de autos es el otro extremo del mismo material. El gránulo va más denso, la proporción de aglutinante va más rica y la capa baja más gruesa, porque una llanta carga un parche chico con mucha fuerza y un pie no. Por eso una entrada cotiza más por pie cuadrado que un patio en la misma cuadra. La base también pesa más aquí. Buscamos una losa que no se mueva bajo carga, así que la caminamos, miramos las juntas y miramos cómo están las esquinas. Si el concreto ya está partido en pedazos que se mecen, ninguna superficie arregla eso y se lo decimos en la medición.

Casi siempre, si la losa forma un solo plano estable. Se abre la cara vieja con máquina, se tratan las grietas, se aplica imprimación y encima va la mezcla apta para vehículos, así que no hay que romper y botar nada. Donde una sección se hundió, se levantó o retiene agua tras la lluvia, esa reparación va primero y sale en la cotización antes que la superficie.
El caucho vertido arranca en 8 dólares por pie cuadrado instalado, y una entrada queda en la parte alta porque la armamos más densa y más gruesa que un andador. El área, cuánto color lleva y el estado del concreto existente mueven el número. Medimos gratis dentro de 24 horas y ponemos un solo número fijo en papel para todo el trabajo.
Las llantas que ruedan no. Las que giran con el carro casi parado sí, con los años, en los dos o tres puntos donde usted siempre voltea el volante. Ahí la superficie se alisa y baja un poco antes que en cualquier otro lado. Como es vertida, esos parches se renuevan en sitio sin tocar el resto de la entrada.
Cuente de 1 a 3 días de cuadrilla y luego el curado de 24 a 48 horas antes de volver a usarla. En una entrada de un carro solemos verter mitad y mitad para que usted conserve el acceso. Empezar jueves o viernes suele significar que el fin de semana ya estaciona encima. La lluvia mueve el calendario, no el precio.
Si también está pensando el mismo vertido para andador, patio y borde de piscina, empiece por pavimento de caucho.
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